El nicho ambiental del funcionario
1ª Ley de bronce de las retribuciones “conforme a la cual cada funcionario ajusta su rendimiento a lo que él considera proporcionado a su sueldo, es decir que, si, en comparación a lo que podría percibir (o percibe) en una empresa privada o a la que percibe un compañero de igual categoría en la propia oficina, su retribución es más baja, desciende deliberada y automáticamente su trabajo hasta ajustarlo a la proporción de su retribución”.
2ª Ley de bronce: “Cada empleado ajusta su rendimiento al de su colega que, cobrando igual, trabaja menos”
“La evolución de esta actitud comienza cuando tienen conciencia de que están fijos y que ya no puede pasarles nada grave; lo mejor es trabajar lo menos posible, asistir a la oficina las horas absolutamente imprescindibles y no crearse problemas…
Conseguir su objetivo resulta por lo demás muy fácil, puesto que son identificados inmediatamente y el jefe, convencido de la inutilidad de su presencia y de la imposibilidad de hacerles trabajar, les coloca en un puesto correspondientemente inútil…
De esta manera, las actitudes parasitarias se van extendiendo como un cáncer, instalando un parásito en un órgano sano, su pasividad se transmite inexorablemente a todos los colegas hasta que el organismo se paraliza y entonces, o hay que admitir que el servicio deja de prestarse, o hay que crear otro nuevo, paralelo y subsidiario, que funcionará hasta que entre en él la gangrena…”
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario